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Para este viaje al corazón de las favelas cariocas, no iba sola. Me acompañaba Ricardo Martínez, un guía privado que lleva 30 años caminando estos laberintos de asfalto y tierra, traduciendo para los viajeros la complejidad de un territorio tantas veces estigmatizado. Ricardo no es un guía cualquiera; tiene esa sabiduría que solo dan las décadas de escuchar a los vecinos, de ver cambiar el paisaje y de entender que cada rincón aquí arriba tiene una razón de ser.

El refugio de piedra y memoria

​Arrancamos el walking tour en el Morro da Conceição. A diferencia de lo que el imaginario colectivo suele dictar sobre las favelas, este rincón es un remanso de paz con un marcado aire colonial. Caminar por sus calles empedradas bajo el sol abrasador es como viajar en el tiempo. Ricardo me hacía detener ante las fachadas de azulejos portugueses y los antiguos talleres de artistas locales.

​Aquí, la resistencia se respira de otra manera: es una resistencia cultural. Conceição logró preservarse de la vorágine constructora de la ciudad moderna, manteniendo viva su herencia afrobrasileña. Mientras promediábamos la mañana, el calor apretaba, pero la brisa que llega desde la zona portuaria nos daba el respiro justo para seguir subiendo.

Providência: donde todo comenzó

​El verdadero desafío físico y emocional llegó al cruzar hacia el Morro da Providência, reconocida históricamente como la primera favela de Brasil. Aquí el terreno se vuelve más empinado, las escaleras parecen no tener fin y la geografía se vuelve un rompecabezas de casas superpuestas.

​"Acá nació todo, Nancy", me decía Ricardo, mientras nos deteníamos a tomar aire a mitad de una cuesta. Su experiencia de tres décadas se notaba en cada saludo que intercambiaba con los residentes. Con él, las puertas se abren. No éramos intrusos haciendo "turismo de pobreza"; éramos testigos de una comunidad con una dignidad inquebrantable.

​Providência nació a finales del siglo XIX, poblada por soldados que regresaban de la Guerra de Canudos y exesclavos que no tenían dónde vivir. Ricardo me guio hasta los puntos más altos, desde donde la vista de la Bahía de Guanabara es sencillamente imponente. Sin embargo, lo que más me impactó no fue la panorámica, sino los proyectos artísticos y sociales que florecen entre los pasillos, como el famoso Casarão Amarelo o las intervenciones fotográficas que retratan el orgullo de los locales.

Seis horas que cambian la mirada

​Fueron seis horas de caminata intensa. Seis horas donde el sol no dio tregua, pero la fascinación por lo que veía tampoco. Terminamos el recorrido con las piernas cansadas, la piel bronceada por el verano carioca y la libreta de apuntes desbordada de historias.

​Viajar a Río de Janeiro y quedarse solo en la playa es leer apenas la primera página de un libro monumental. Gracias a la guía indispensable de Ricardo, pude entender que las favelas de la Concepción y la Providencia no son zonas marginales al margen de la ley; son el cimiento mismo de la identidad, la música y la resistencia de esta ciudad maravillosa. Se bajaba el sol, y yo me iba con la certeza de haber caminado, finalmente, por el Río auténtico.

La Periodista y Comunicadora Social especialista en turismo nacional e internacionl, Lic. Nancy Luna, recorriendo la ciudad de Río de Janeiro.
Autor: Lic. Nancy Luna. Periodista y Comunicadora Social

Fuente: Lic. Nancy Luna. Periodista y Comunicadora Social